"No debemos olvidar en ningún momento –cualesquiera sean las diferencias de apreciación– que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el general Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón, fortalece a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento del país”. Raul Scalabrini Ortiz

miércoles, 7 de octubre de 2009

Una vieja chota

Foto: Catanpeist


Las podés encontrar en la cola del super, son esas que cuando te descuidaste y sin decir permiso se te adelantan con su carro lleno como si vos fueses lo que sos, un ratonazo que carga medio kilo de pan, una mortadelita y dos manzanas (porque sinó estás engordando mucho). La señora, perfecto especimen de la variedad que intentamos describir, te ganó el lugar y lo seguirá haciendo con los que te preceden, incluyendo embarazadas, cieguitos y monjas, reptando silenciosamente debajo de su peluca castaño bambi y sus lentes oscuros, apretando debajo del sobaco la carterita que se compró en Miami en 1980 y puteando automáticamente contra absolutamente todo lo que la rodea, incluyendo al boludo del marido, a los vividores de sus hijos, al portero que gana más que nadie en su edificio, a los negros delincuentes que no la dejan andar tranquila por la calle y - sobre todos ellos - al gobierrrrrno, esa banda de ladrones, corruptos y montoneros que están matando al federalismo y al diálogo y que son los responsables de que el asado del bicentenario lo vamos a hacer con carne uruguaya y yo contra los uruguayos no tengo nada, tan lindos pulloveres que supe traer de allá, gente tan educada los uruguayos, no cómo nosotros, mejor dicho no cómo ESTE PAÍS, que está lleno de peronistas, ratas inmundas que todavía me acuerdo como nos quemaron las iglesias, algo que nunca les perdonaré, ni el jockey club.

En eso piensa la señora mientras sigue avanzando en la fila, a fuerza de puntines y empujoncitos con el carrito. Pocas cosas podrían detener esa carrera, quizás si se encontrasen con el rabino Bergoglio en la fila lo dejarían pasar, o el ingeniero Blumberg o Sandro o algún general con uniforme de gala (pero generales de los viejos, de esos que usaban mostachos de machos no como estos maricas de ahora que ni saben poner una piña como la gente, porque con las fuerzas armadas como están que no sirven para defender al país y todos los otros países se compran armas, y más armas y nosotros seguimos con los mismos cascajos de cuando el Rubén, mi marido hizo la colimba, nadie nos va a defender y nos van a invadir o vos te crees que porqué viene Chávez, ese maldito, a Entre Ríos. Nos van a invadir los venezolanos, esos negritos, que lo único que tienen en petroleo porque ni un premio nóbel tienen, pero igual nos van a joder la vida, vas a ver).

La señora tiene una edad indefinida, la mayoría de ellas supera largamente los cincuenta, aunque últimamente se han podido observar ejemplares que no alcanzan las dos décadas. Comparten el íntimo deseo de llamarse Mirtha, con hache, y tener un marido francés, aunque lo de marido es opinable. Si tuviésemos una máquina que nos permitiera ver su historia de vida, seguro nos encontraríamos con una familia tradicional, muy apegada a las normas de la vida decente, a la misa dominical y a la exposición anual de palermo, que hizo el secundario en la normal mientras paralelamente cursaba los veinticuatro años de pieno en el conservatorio del barrio, sacudiendo teclas al mismo ritmo en que se le escapaban los sueños de las manos mientras esperaba la llegada de un muchacho decente, subteniente, tenedor de libros o residente del hospital, con quien formar una familia y escapar de su casa, aunque no fuera tan lindo como Humprey Bogart, ni saliera en radiolandia.

Todas esas cosas podríamos ver en la máquina de desnudar el alma si nuestra desleal señora se asomase a su umbral. Cosa que no hará, porque la señora cuida los secretos de su intimidad, especialmente aquellos que ni ella conoce, sus miedos, sus prejuicios, sus lealtades impuestas, sus reservas, su desprecio por los negros, la repugnancia que le provocan los pobres, su odio hacia los vagos, su asco hacia el peronismo. En el hemisferio restante de la señora encontrarías una especie de fe en su salvación personal, una autocomplacencia por los sacrificios hechos en la vida, una veneración a las enseñanzas de sus mayores (conviviendo con una desprecio secreto a las prácticas de sus mayores), una admiración casi fanática del orden, la corrección, la decencia, el presidente Levingston y el general Videla. El recuerdo de un deseo desordenado, unas recetas de doña petrona, muchas noches en blanco, un teléfono que suena muy poco y muchas, pero muchas horas frente al televisor, tantas que sueña con guillermo andino y se despierta con mariano grondona y se vuelve a domir con mónica gutierrez y se tranquiza con lapegue y se indigna con biasatti y se amarga con nelson castro y por eso no le importa patearte los talones para ganarte el lugar en la fila.

Al fin y al cabo, la señora tiene buenos contactos, aunque vos pienses que ella es, apenas, una vieja chota.



4 se arrimaron al fogón:

sin dioses 7 de octubre de 2009, 17:16  

Alérgico te cuento que ayer cuando veníamos con mi pareja de sacar fotos del acto libertario, una platinadísma en contra de la ley, se nos quiso abalanzar en la cola del taxi, no alcance a decirle nada, con respecto a su posición, ya que el taxista frenó donde debía, es decir en la parada, la muy turra cuando nos vio parados correctamente, se adelanto 20 mts, y hacia señas para que le pare a ella. Muy bueno el relato los pinta de cuerpo y alma. Alguna debe ser la tía de Mariano T

Lucas Carrasco 7 de octubre de 2009, 17:49  

Preciso y certero el escrito, che!

Lucho,  7 de octubre de 2009, 19:56  

Muy bueno. Esas viejas chotas son infalibles, sobre todo para pasarte por arriba cuando queda algún asiento libre en el subte o en el bondi. Viejas de mil mierdas, reproductoras del sentido común berreta que oyen viendo el programa de la otra vieja chota hija de mil putas de Legrand.
PD: Patético el nabo de remera azul en cuclillas adelante. Las viejas x lo menos tienen la excusa de ser unas viejas chotas, pero el chabón?
saludos.

Anónimo,  7 de octubre de 2009, 21:05  

La pintaste de cuerpo y alma. Me gustó la descripción.

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