"No debemos olvidar en ningún momento –cualesquiera sean las diferencias de apreciación– que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el general Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón, fortalece a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento del país”. Raul Scalabrini Ortiz

domingo, 20 de septiembre de 2009

Tengo que consultarlo con papá.



Ricardo Alfonsín, un hombre que nunca podrá ser él mismo, fué a Reconquista a participar del acto de imposición del nombre de su padre a una calle que mide 14 kilómetros. Una especie de disputa de pago chico en la que Juan Domingo Perón debió ceder ante el vecino de Chascomús en el torneo de quien la tiene más larga. A la calle quiero decir.

El asunto es que llovía en Reconquista, después de muchos meses de sequía y hubo que salir a buscarlo al Ricardo hasta el auto con dos o tres paraguas, no sea cosa que se moje y se engripe, ya se sabe que pocas cosas hay tan peligrosas para el orden institucional y republicano que un radical afiebrado.

Como Ricardo nunca podrá ser él mismo (bueno, ya lo dijiste más arriba) no le queda otra que tratar de ser la sombra de Raúl Ricardo, a quien recuerdan vívidamente los argentinos, especialmente por la magnitud de sus exequias. Pero antes de morirse, y regalarnos tan tiernas y consensualísticas imágenes, Don Raúl Ricardo tiró dos o tres líneas sobre asuntos fundamentales del orden republicano, aunque después se hundió para siempre en su propia nube de úbeda y terminó comprando el espejo amargo y mentiroso de los pactos españoles.

Una de las pocas cosas que tuvo en claro fué la peligrosidad que ya entonces, cuando no había tantos tentáculos tecnológicos como ahora, representaba Clarín. Y tal vez no haya sido tan lúcido don Raúl Ricardo (quien al cabo nunca dejó de ser un abogado provinciano que seguramente desayunaba con Clarín y La Nación) sinó que haya sido César Jaroslavsky, un tipo muuuuucho más lúcido y valioso que su propio jefe, el responsable de tal advertencia.

Pero bueno, así las cosas, llovió en Reconquista, cayó Ricardo Alfonsín y dijo:

"En tiempos tan difíciles como los actuales lo extrañamos porque sentimos la necesidad de consultarlo, preguntarle a él cuál es la posición más correcta frente a muchas decisiones que tenemos que tomar"


No te va a contestar Ricardo, los muertos (incluso los de la Recoleta) ya no dicen nada, nada de nada. Podés preguntarle lo que te parezca, pero andá sabiendo que no te va a responder. O mejor dicho, andá sabiendo que si el asunto sobre el que "tenés necesidad de consultarlo" es la ley de medios, ya te contestó, hace mucho. Y no le diste ni cinco de bolas.

2 se arrimaron al fogón:

donchango 20 de septiembre de 2009, 2:33  

Si habla Delarua...¿Porqué no va a hablar el otro muerto?

Daniel Rico 20 de septiembre de 2009, 2:50  

Exelente, y si, su destino sera el de una parodia involuntaria del padre.

Como olvidar la silvatina en la rural?, hase falta mucho pensar para entender donde esta el adversario?

Saludos.

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