"No debemos olvidar en ningún momento –cualesquiera sean las diferencias de apreciación– que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el general Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón, fortalece a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento del país”. Raul Scalabrini Ortiz

martes, 19 de mayo de 2009

MARIO (cof) BENEDETTI, RESPIRA EN PAZ.

Entonces estábamos ahí, en la penumbra del pabellón universitario, tratando de respirar al unísono y deseando secretamente que ese aire lo alcanzara también a ese viejito asmático que, sentado en el medio el escenario, nos leía poemas.

Habré tenido veinticuatro o veinticinco años y para entonces ya había escuchado silencios de varias clases, silencios de solemnidad, aparatosos, plúmbicos, livianos, catatónicos, falsos, opresivos. Pero nunca, nunca había escuchado un silencio tan lleno de poesía como aquel, tan lleno de comunicación.

Por un rato (cof), mientras Mario Benedetti (cof)leía sus poemas sentadito bajo la luz que lo bañaba en el centro (cof) de nuestras miradas (cof), no hicimos más que escuchar y acompañar (cof) desde el corazón cada una (cof) de las líneas que ese hombrecito agobiado (cof) por su asma leía para nosotros (cof).

Un rato antes, mientras esperábamos que se abrieran las puertas de la sala el siemprebieninformado de turno sentenció que Benedetti no iba a venir (cof), porque apenas llegado a (cof) Córdoba había tenido un (cof) ataque (cof) de (cof) asma (cof).

Igual nos quedamos tercamente esperando que el aire de Córdoba lo curase y entrara hasta sus cansados alveólos, tan expertos en tabacos del exilio; vivíamos entonces en ese estado de gracia académica en que la regla que mide el paso del tiempo no conoce de horas y minutos sinó de períodos entre exámenes y, ante la falta de urgencias, nos quedamos mirando como se levantaba la noche sobre la ciudad universitaria.

De pronto, en medio de un remolino de rectores, decanos, profesores titulares, adjuntos, ayudantes de cátedras y otros tipos de babosas entró a la sala (cof) con una carpetita (cof) bajo el brazo y un mínimo pañuelito en la (cof) boca, (cof). Un abrazo de aplausos lo saludó cuándo se quedó solito bajo esa luz, solito con su tos.

El rector dijo no-sé-qué-cosa (bien se sabe que los rectores nacen sin órgano poético) y después (cof) habló Benedetti y dijo (cof), "muchachos y chicas (cof), el asma me tiene (cof) mal y el médico que me atendió (cof) en el hotel (cof, cof), me prohibió venir (cof). Pero yo quise venir igual (cof) para respirar mejor con ustedes".

Esa noche leyó muchos de sus poemas y contó algunas de sus historias de distancia y libertad, y sus relatos de oficina y sus cuentos de amor y lechuga, y fué tan intenso y tan cercano que aún ahora (cof) lo sigo oyendo, te juro (cof) que lo sigo oyendo.



2 se arrimaron al fogón:

Cehaj 19 de mayo de 2009, 11:56  

se nos fue un compañero!



"Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero"

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