"No debemos olvidar en ningún momento –cualesquiera sean las diferencias de apreciación– que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el general Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón, fortalece a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento del país”. Raul Scalabrini Ortiz

jueves, 5 de noviembre de 2009

Abelardo Ramos despide a un hombrecito gris.


Retomo el blog luego de unos días. Siempre con el acento amable y el tono republicano que nos caracteriza hemos invitado al compañero Jorge Abelardo Ramos para que le dedique unas palabras al señor de la foto, a quien lloran sus amigos, las solteronas profesoras de piano, los vendedores de revistas de divulgación histórica, sus correspondientes lectores y la Academia de Historia, organismo especializado en archivología y escondrijos.

NEO-ACADEMICO EMBUSTERO Y EMBROLLON

El periodista radical Félix Luna, ha reunido méritos a lo largo de muchos años, en la deformación y falsificación de la historia argentina, para ser elevado a la categoría de historiador y miembro de la Academia Nacional de la Historia. Con esta palabra de "elevar" estoy en duda. No sé si se debería de emplear el vocablo "elevar" o habría que escribir " descender", al juzgar tal presunto honor. Y digo que estoy en duda porque jamás a la Academia se le ocurrió conferir semejante título a J. E. Pérez Amuchástegui, ni a Raúl Scalabrini Ortiz, ni a Arturo Jauretche, ni a José María Rosa, ni a Fermín Chávez, notables estudiosos y reveladores de la historia nacional. ¿Y qué meritos habrá acreditado este neo-académico para ingresar a la augusta corporación?. No es difícil averiguarlo. A los académicos corrientes les incomoda meterse con la historia contemporánea. Prefieren las monografías mas o menos remotas, aspectos parciales de un periodo definido, estudios e investigaciones lo mas alejadas posible de los procesos próximos. Dice que lo hacen para tomar distancia y mantener la objetividad científica. Pero son puras macanas, si se me permite el uso de un término que el uso ha sancionado. Temen complicarse la vida con los acontecimientos cercanos y mostrar la cara. Esto no ocurre con Luna. Su especialidad es la historia de una o dos generaciones atrás y su doctrina es la de un antiperonismo que no disimula jamás.

Ningún historiador "serio", tan gorila como Luna, se atrevería a meterse en tales honduras. Pero todos los académicos se relamen con los relatos de este riojano vendido a los porteños. En tiempos de Vélez Sarsfield y de Sarmiento, se llamaba a los provincianos entregados a la causa del Puerto, los "alquilones".- Luna, por su propio esfuerzo, ha logrado ocupar un lugar destacado entre los "alquilones" y se lo premia por ello. El propio Luna ha dicho que su tarea ha sido realizar un periodismo histórico de divulgación. Cabe preguntarse que es lo que ha divulgado. No solo en sus libros, sino ante todo en las colecciones de fascículos de gran circulación, editados por empresarios atentos al lucro, mas que a la verdad, en particular la "Historia gráfica de la Argentina contemporánea", puede advertirse la desfiguración sistemática del período correspondiente a los gobiernos de Perón.

Luna ha servido con admirable docilidad a los grandes patrones de la historia oligárquica y a los consumidores banales de las clases medias semi-letradas. No me detendré en detalles sobre esta grosera patraña de gran tiraje. Solo recordaré que cuando Alcides Arguedas publicó su "Historia General de Bolivia", por cuenta y orden de Simón Patiño, el sangriento magnate de la minería boliviana, el gran poeta Franz Tamayo escribió un artículo que comenzaba así: "Tu Historia son historias".

Refiriéndose a historiadores locales semejantes, Jauretche los calificó alguna vez con una de sus características ocurrencias: "historiadores con cama adentro". Tales ejemplos vienen a mi memoria al hojear un libro de Félix Luna titulado "Breve historia del pueblo argentino". Me llamó la atención la parte de verdad contenida en el título. En efecto, es breve. En cuanto al resto nadie podría apropiarse de las ideas históricas de Luna. No existen, si entendemos por ellas una percepción inteligible del proceso que han vivido los argentinos hasta el presente. Domina en el texto una melodía que recuerda a Mitre, a Levene, a Grosso, a Halperin Donghi y a los más recientes autores de manuales del bachillerato.

La doctrina del liberalismo portuario, y un amargo rencor contra Perón y el peronismo, así como una ansiosa disposición a resultar grato a "La Nación", distinguen el volumen, liso y yerto, sin aristas, propio de la prosa del autor, y apto para el gusto poco refinado del pequeño burgués deshidratado de esta época. Se me perdonará tan extenso introito. Pero el lector debe saber que me hubiera ocupado del libro, ( carece de sustancia, como leche de burra, de no haber encontrado por azar una referencia difamatoria que me toca y que reitera otras destiladas por la pluma indiestra de Luna en anteriores ocasiones. Este autor no despertó nunca mi atención, excepto como recolector de anécdotas un tanto escabrosas de la vida íntima de Roca, de Farrell o de Alvear, que prestan color a cualquier historia verdadera, aunque no la sustituyen.

Mas bien valoro a Luna como autor de excelentes letras para la música de Ariel Ramírez. Creo que es su verdadero oficio. Es penoso que haya trasladado a la historia su vocación cantora, lo que puede entenderse si se recuerda a Oscar Wilde cuando decía que el arte es una mentira, que no puede ni debe reflejar la realidad como un espejo, sino concebir otra realidad. Precisamente es lo que hace Luna cuando se propone escribir libros de historia. Luna afirma en el libro mencionado que en el enfrentamiento de Perón con la Iglesia, (1954) yo escribí en el diario "Democracia" una sección injuriosa titulada el "obispero revuelto", donde se vejaba sin límite a los obispos. Eso es falso. La metodología científica de Luna, consistente en recoger murmuraciones y material oral imprecisable no es historia sino chismografia. Pero le ha ido bastante bien, a juzgar por la venta de sus productos. Lo curioso es que esa sección escandalosa la escribían algunos periodistas sin definición ideológica, pero también algunos de ellos eran radicales, que trabajaban en el diario oficial del Presidente. Lo hacían como profesionales.

Su larga experiencia había transcurrido bajo empresas distintas. En todas ellas se habían adaptado a la línea del diario, fuera la "La Nación" de los Mitre, "La Razón" de los Peralta Ramos, "Crítica" de Natalio Botana, "Noticias Gráficas" de Agusti, "La Prensa" de la familia Paz o la que fuera. La suerte los llevó a "Democracia", de Perón. En cuanto a los redactores verdaderamente peronistas de "Democracia", eran muy pocos y diría que se trataba de hombres intelectualmente calificados, algunos de ellos católicos, que precisamente veían con malestar el conflicto con la Iglesia y que no eran los más indicados para echar leña al fuego. A los que hacían el "obispero revuelto", por el contrario, el asunto los divertía.

Eran indiferentes, como casi todos los radicales, a la problemática religiosa. En la agitada vida política del país. Los periodistas de profesión de aquella época (para no hablar de la actualidad) pasaban de un medio a otro, según tengo dicho. Y escribían lo que les ordenaban escribir. Cuando mudaban de diario o radio, mudaban de ideas. Ellos ponían (como hoy) la prosa periodística, pero las ideas las ponía el patrón del diario. Recuerdo cuando cayó Perón y se refugió en una cañonera paraguaya, se vio que el diario "Democracia" iría a cambiar de manos. Algunos periodistas decentes, políticamente peronistas, como Valentín Thiebaut, renunciaron.

Otros, que por caridad no quiero nombrar, dijeron que eran "profesionales", aunque también eran peronistas, y se quedaron. Hubo uno, un fino y laureado poeta, Santiago Ganduglia, que esa tarde me comentó: -Yo me jubilo, me voy ahora mismo. Ya estoy cansado de pasarme. Me explicó que en su larga vida periodística, como editorialista, había tenido que escribir opiniones diversas y aun opuestas, de acuerdo al diario que le tocaba. Era una maldición gitana y ya no quería seguir. Yo no era redactor del diario "Democracia" sino colaborador externo, aunque asiduo y solo escribía artículos firmados con un seudónimo, que era "Víctor Almagro". La crisis era muy grave y de ambos lados se tendía a desnaturalizar el debate.. Al General Perón, por lo común tan lúcido y realista, se lo veía perturbado y fuera de sí. A su vez, no pocos obispos y gran parte de la iglesia parroquial, habían perdido el sentido episcopal de la prudencia. Por ambas partes la lucha sobrepasó el interés mutuo, en provecho de los adversarios comunes.

Fue un episodio absurdo, que concluyó con la victoria de la partidocracia y la sinarquía. Fue el triunfo de los amigos de Luna, masones, conservadores, izquierdistas portuarios y enemigos del pueblo, la Nación y la Iglesia. Después de la caída de Perón, que Luna aplaudió y festeja en todos sus libros, los protagonistas se sumieron en hondas cavilaciones sobre el azar de la historia. Mi participación en esa lucha cruel, que culminó el 16 de junio con el intento de asesinato de Perón en la Casa de Gobierno y el bombardeo aéreo de la plaza de Mayo, consistió en una serie de artículos, grotescamente titulados por los secretarios de redacción (algunos radicales) en los cuales describí la historia de las relaciones de Roma con Estado Nacional, desde los tiempos napoleónicos, el Imperio de Bismarck, la unidad italiana y el conflicto con el General Roca a fines del siglo pasado.

En 1955 era la Iglesia preconciliar la que enfrentaba a un Perón extenuado y solitario, una Iglesia que gracias a los grandes teólogos que rodearon a Juan XXIII, mudaría su actitud al identificarse con el Tercer Mundo, postular la unidad de América Latina y poner en cuestión la eternidad del capitalismo y la justicia de su sistema. Los artículos mencionados volvieron a ser publicados un par de años mas tarde, cuando los reuní- bajo mi nombre con el titulo genérico de "De Octubre a Septiembre", editado por Peña Lillo y en plena Revolución Libertadora.

Lo que digo con el pico lo sostengo con el cuero. En el actual retorno del más descarado cipayaje, Luna ocupa un lugar de privilegio. Pero los fusilamientos de militares peronistas en la Penitenciaria de la calle Las Heras y la masacre de obreros en el basural de José León Suárez, en 1956, ejecuciones apoyadas por el partido al que pertenece Félix Luna, son la mejor prueba de la veracidad del neo-académico y del nivel científico de la corporación que ahora lo acoge en su amoroso seno.

Jorge Abelardo Ramos




4 se arrimaron al fogón:

leak,  5 de noviembre de 2009, 22:36  

Me parece insensato tanto desprecio, aunque a cada uno, lo suyo. Por otra parte, el campo de F.Luna siempre tiene de arte lo que no tiene de "objetividad". El tipo hizo varias cosas bien, y resulta más equilibrado que unos cuantos divulgadores actuales. Un hombre de grises, más que de negro o blanco, de indudable raíz radical, pero con visión de futuro y respeto por el otro. Que erró, erró, como todos. pero eso no desmerece su obra.

Javier 6 de noviembre de 2009, 1:30  

Yo no se quien leia sus libros a mi siempre me parecio que hacia de la histioria algo aburrido y poco interesante , de hecho hasta que no empezo a escribir Felipe Pigna o aun Lanata , la historia argentina de Felix Luna sonaba aburrida y poco atrayente para el pueblo .

Anónimo,  6 de noviembre de 2009, 2:27  

De acuerdo en demitificar a Luna, pero no es Ramos (Menemista postrero y patético) la mejor fuente para darle autoridad a la argumentación.

Ana

Fernando Bonatto 6 de noviembre de 2009, 9:24  

Luna dirigio una gran revista
Todo Historia rescato momentos olvidados o sepultados de nuestra vida nacional.
Antiperonista y gris ?
seguro
historiador sin brillo quizas, superior a Pigna creo
Abelardo Ramos, paso de ser una figura ineludible a ser un bicho despreciable .

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