
La tarde se fué terminando alrededor de las grúas, los camiones, las camionetas, los grupos electrógenos, el Juanca yendo y viniendo con su gente para dejar el sonido listo, los compañeros de las seccionales poniendo sus pasacalles
artesanales, con la pintura todavía fresca junto a los tremendos cartelones de los caciques. Por allá llegan unos porteños trajeados, por allá unas secretarias hablan y hablan con sus blackberries y por acá estamos con el Tacuara tomando unos mates y hablando de cómo dan vuelta las tabas en la política.
Y en eso llega el hombre, silencioso. Seguro que estuvo toda la tarde pensando y tomando fuerzas para animarse a subir a la ruta. Saluda, pregunta "Usté es el responsable de ésto?", "- No - dice Tacuara - yo nomás estoy tratando de dar una mano". "Ah... - dice el hombre - yo quería decirle que vivo ahí a treinta metros, al lado del boliche y que si necesita guardar alguna cosa ésta noche, yo saco el autito y queda lugar, cualquier cosa me avisa, y también si necesita poner alguna cámara sobre el techo no hay problema". y se fué.
Yo no quería que se pierda ésta pequeña crónica del acto de Paraná, porque en las tribunas habrá de todo: tipos que estuvieron siempre, algunos que no estuvieron nunca, algunos que están cuando conviene y otros que apagan el teléfono cuando la cosa se pone fea, estarán los peronistas de cuna, los de convicción, los críticos, los simpatizantes, los mansos, los bravos, toda la runfla y también los que quisieran estar bajo éste sol que salió a la mañana. Y está bien que estén.
Yo sólo quería avisar que va a estar ese compañero que anoche vino lealmente a ofrecer su casa sin pedir nada. Y ese va a ser mi invitado especial.
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