"No debemos olvidar en ningún momento –cualesquiera sean las diferencias de apreciación– que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el general Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón, fortalece a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento del país”. Raul Scalabrini Ortiz

viernes, 5 de marzo de 2010

Vivir es elegir.


Debió ser en alguna de esas clases de filosofía barata que escuché decir a alguien que "vivir es elegir". Macanudo, dije y adopté la frase en el selecto grupo de giladas que reservo para ocasiones solemnes como velorios, colaciones de grado, juramentos scouts y escrutinios electorales. De aquella clase olvidable deben haber transcurrido ya algunos buenos años y también algunos kilómetros de ruta. Mis kilómetros de ruta, aclaro, son siempre en calidad de acompañante o pasajero ya que las enseñanzas de los tres cursos de conducción que hice las he dejado arriba del auto, con la llave puesta del lado de adentro. No sé manejar, quiero decir y retomo lo primero. "Vivir es elegir", dijeron por allá, aha.

Nada más complejo y simple que vivir, ya lo sabemos. Nada tan frágil, nada tan finito. Tal como me lo enseñaron en cierta ocasión -en una clase magistral de filosofía contemplativa - los doctores que ejercen en la cuadrilla de mestranza del Cementerio de La Recoleta. - "Mire", dijeron mientras ponían a mi vista los huesos del osario patricio, tachonados de botones de mariscal, restos de puntillas y gruesos cinturones, "todos terminamos igual". O sea que si empezamos por la punta del final, no elegimos nada, nada de nada porque al final "Óloi pethaínoun", como dicen los griegos masticando aceitunas. Todos creparemos.

Y mientras tanto qué?, porque yo no me pienso quedar boludeando hasta entonces. Algo haré, aunque sea para pasar el tiempo. Y como no será aprender a manejar, al menos trataré de hacer alguna otra cosa. Ser un esposo regular, un padre que no se equivoque tanto, un tipo que tenga cuatro o cinco árboles y poco más. Qué sería ese "poco más"?. Bueno.. veamos. Qué tal un intento de adecentar este espacio, de intentar un asomo de justicia, de acercar una mano al que también espera el final más resignado... y doliente. Un intento, al menos, de elegir bien en cada esquina. No, tampoco tanta pretensión. Digamos de elegir bien de vez en cuando, o de elegir bien en las elecciones importantes. En las esquinas donde no te podés equivocar porque entonces si estás liquidado. Bueno, no es tan difícil para el que no se duerme demasiado. Y a qué viene todo ésto?, pudiendo apuntar la pluma para otras playas más seguras que las tremebundas filosofías.

Sólo me senté en ésta silla para decirles que estoy felíz, porque hoy he visto a un buen tipo haciendo una buena elección.

2 se arrimaron al fogón:

Lucas Carrasco 5 de marzo de 2010, 0:31  

qué importante es decirlo bien, eh.

L'observatore porteño 5 de marzo de 2010, 12:52  

No hay duda que estamos en una de esas esquinas en las que debemos elegir bien

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