Anoche llovió.

Cuánto tiempo sin escribir. Cuándo no es por una cosa es por otra, y está bien que uno es callado y corto de palabras (y además los 40 empiezan a pegar duro en la memoria, entre otras cosas), pero se acerca el verano y así cómo hay quienes emprenden la militancia del gimnasio, actividad tan respetable como riesgosa según mi particular valoración, he decidido retomar éste cuadernito de apuntes, sin más pretensión de dejar testimonio de lo que me parece estar viendo. Y sintiendo.
Tengan paciencia, amables lectores, que el teclado está un poco seco, y el tecladista también.